No dejamos de huir y no nos damos cuenta:
Huimos de las personas a través de la gente,
huimos de nuestros sentimientos fingiendo ideales,
huimos de lo que nos conmueve
por el miedo a poseer algo inalcanzable
(o, quizá, por el miedo a perdernos a nosotros mismos).
La dispersión nos destruye, y aun así, seguimos huyendo aferrándonos a la multiplicidad.
Yo, que soy una cobarde,
quiero seguir en la irrealidad de mi realidad
en esta utopía imperfecta que es mía,
mi mundo.
Aunque, a veces, huir de alguien, es la mayor declaración de amor
que pudiéramos hacer:
a nosotros mismos.
Pero yo, que soy una cobarde,
decido huir
aferrándome
fuerte
a ti.