sábado, 15 de abril de 2017

Trescientos sesenta grados (Reed.)

Todo estaba oscuro y olía a café:
no sabía cuánto llevaba esperando.

No había sombras,
no había tiempo que me disuadiera de la vieja tarima
y de una noche que iba a ser eterna.

Los ruidos eran aún peores:
se oían los gritos de una duda,
gritos helados de espanto
que huían para dejar paso a este silencio cargado de nada,
a un instante que no era vida…
y yo ni siquiera sabía qué estaba pasando.

En esta realidad vacía,
en este delirio oí,
alguna vez,
a una voz peluda y despreciable
que me acercaba ese aroma de café a la boca y me invitaba a beber
ofreciéndome su cuerpo como la única vía de escape.

Después de eso no había nada:
la voz se desvanecía
y todo volvía al origen;
entonces yo
retomaba mi miedo en este rincón cada vez más grande,
cada vez más lejos de la realidad
y, sin embargo,
aún me asustaba moverme
por no arañar el silencio
y romperme en mil pedazos.

Quise dormir para huir de este desatino,
para despertarme…
pero todo estaba oscuro:

Todo estaba oscuro y olía a café.

jueves, 9 de marzo de 2017

Resquicios de felicidad

Tengo el ritmo de vida cambiado,
el alma con la paz de quien encalla
después de una tormenta.

Tengo tantas huellas en la piel
que aún me cuesta volver sin salirme del camino
¿Acaso ya no es nuestro todo lo sentido?

Que en nuestro viaje fuimos música,
fuimos arte...
toda una vida que se resume en un instante
para alejarte, por fin, de la rutina.

Es despertar la necesidad,
que no es otra cosa que hacer realidad la esperanza,
saltar.

Tú y solo tú puedes llegar a ser quien quieras ser,
porque el mundo necesita espíritu,
no caminos:
alguien capaz de atravesar la selva.

Eres tú tu propio abismo
y tu propio vértigo:
Dime encontes como sabe la realidad
ahora que hemos tocado el mundo con la punta de los dedos,
ahora que lo hemos vivido todo,
porque nos hemos vivido.